Mientras me sacudo (que vendría a ser mi equivalente a bailar) al son del universo alrededor de
Marisa Monte busco palabras sueltas que me sirvan para describir este mes de enero.
Productivo ocio y extrema felicidad.
No soy buena con la sintesis.
Mejor me explayo:
El primer día del 2011 nos encontró mirando hacia arriba mientras flotabamos en el agua. Y jugando Carrera de mente edición 1986. Y comiendo, mucho.

Los días que sucedieron inmediatamente al primero son una especie de borrón en mi memoria. El calor y el exceso de alimento, sin dudas, contribuyen a la causa.

Y luego, estuve cosiendo:
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| Terminé el bolso para guardar la colcha multitudinaria (el que había prometido hacer con el bloque de Paulita) |
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| Y los almohadones: El del bloque de Ceci K. y mi "tecnica libre" |

Minimicé el grado de ambición respecto del bargello que había arrancado a construir casi a mitad de año, por ende, pude ponerle el bies del borde y las puntadas finales. Fue a parar a la cabecera de la cama.
Avancé con el cathedral window (poco, pero mejor poco que nada)
Cosí juguetes nuevos y juguetes de los de siempre.
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| para Rapsodia. |

Decidí dejar de manufacturar algunos, mas específicamente: el elefante y las lechuzas.
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| Tejí otro poco del canesú de un vestido negro que tengo en mente desde hace meses. |
Hubo un día en que decidí que no iba a hacer nada. NADA.Fue, por lejos, lo más complicado que hice durante enero. Pero lo logré.
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| Corté y plegué montones de papel, para armar las decoraciones de San Valentín del local (nosotros no festejamos, pero comulgamos con los significantes de la celebración y nos despachamos con toda clase de cursilería) |
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| Fotografié, minuciosamente, cada bloque de la colcha multitudinaria. |


Pospuse (pospongo) hasta el hartazgo el envío de los mini regalos para las participantes de la colcha que me enviaron sus direcciones. Soy incorregible.
Pinté muebles.

Reorganicé el departamento (de a poco disfrazo mis tablas y caballetes de mesas y escritorios. Cuelgo compulsivamente cosas en las paredes. Lleno cuencos con estrellas de origami y hago pilitas prolijas -que duran minutos- con unas pocas telitas que de tan lindas, me apena cortar)
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Di mis primeros (y muy autodidactas) pasos en el arte del Ñandutí.
Tarea por demás emocionante y prometedora. |
Descubrí el castillo en miniatura de alguna clase de ser diminuto que, evidentemente, habita en Colegiales:
Ya había encontrado, hace unos meses, sus prendas colgadas en una liliputiense soga, en la vidriera de
Formosa.
Sospecho que descubrieron que los había descubierto, a los pocos días de sacar la foto, desapareció el castillo y el árbol volvió a ser un árbol de Colegiales, como cualquier otro.
En fin. Así fue, mas o menos, mi enero.