Hoy, viernes, superado el caos, escribo este post deseando que no baje del todo el sol porque es tan lindo el nuevo departamento cuando es de día!
Estoy decididamente enamorada de mi nuevo hogar. Será porque mientras buscábamos y no encontrábamos y se acababa el tiempo, me había mentalizado de que no era tan terrible vivir en un departamento que fuera horrible y oscuro por dos años, o quizás sea porque este edificio de gente grande y pocos pisos me recuerda al departamento en el que viví gran parte de mi infancia... Sea lo que sea, me cuesta contener la emoción cuando, a eso de las 4 de la tarde, paso de una habitación a la otra comprobando que todas tienen luz, que no tengo que prender ninguna lampara y que, si se me ocurre, puedo siestar al sol, tirada en la cama, como si estuviera en la plaza.
Parte de este enamoramiento queda evidenciado en la velocidad con que acomodé todas y cada una de nuestras pertenencias y en la cantidad de fotos que saco todos los días porque no puedo creer que esta sea mi casa.
Ya no me importa tener caballetes y tablas en vez de muebles. O que todos los tuppers sean diferentes. O que mi escritorio sean dos cajones de fibrofacil con una tabla que supo tener mejor cara.
Las muestro, como quien muestra fotos de su bebé recién nacido.

Desde el balcón, vemos árboles. ARBOLES! y pasto! Ni hablar de que en vez de escucharse el rugir de los colectivos, se escucha el canto de los pajaritos!
Encontré el lugar perfecto para las kokeshis y el juego de té miniatura
Y si bien las mesas de luz no me encantan, la combinación de todos los colores que quedó arriba de la cama me emociona hasta las lágrimas.
Antes de mudarnos, pasé por la ferretería Freire y compré 72 clavitos cuelgafácil. Y hasta que no los gaste, no voy a parar.
Y pude organizar mis tarros de Nutella (tengo muchos, que van quedando del local) y separar los botones por color. Jiji.
Le di una lavada de cara al costurero, que estaba pidiendo por favor que lo repintara.
Ah, Gaby fue a parar al segundo cuarto y yo decidí armar el tallerliving. Cuando invitamos amigos a comer, armamos todo en la mesa de trabajo (yo conseguí ampliar el taller y una mesa oficial, todo de una sola movida magistral)
Obviamente, todo podría mejorar.
Pero para conseguir lo que falta (las cortinas del tallerliving, una silla de escritorio, un escritorio...), y pintar todo de blanco y que se yo qué más, hay tiempo. Como mínimo, 2 años.







































