Cuando se me cruza una idea, se me cruza y no hay vuelta atras. La necesidad de ponerla en práctica es imperante.
Yo creo que es herencia familiar.
Mi abuelo puede llegar a no dormir, esperando que sea de día, para poder poner en práctica la idea que se le ocurrió justito antes de acostarse. Puede ser el modo de reparar una silla, el proyecto perfecto para ese recorte de madera que encontró tirado por ahí, la forma de arreglar, con lo que tiene a mano, un electrodoméstico que se le rompió a mi madre... no descansa hasta verlo terminado.
Fue así, movida por la necesidad (?), que se me ocurrió pintar un cuadrito de triángulos (evidentemente, mis necesidades son un tanto menos funcionales que las de mi abuelo).
NECESITABA tener un cuadrito de triángulos.
Tenía acrílicos, un canvas (usado, que pinté de blanco para empezar), pincel, regla y lápiz. Fácil, no?
Y después, necesité tener un par más, para componer. Así que compré algunos bastidores.
Y mas luego fue necesario seguir probando, así que pinté estos otros.
Ahora, con todos los cuadritos listos, miro el grupo y me doy cuenta de que el único que realmente me gusta es el primero que pinté.
Como cuando mi madre descubre que la prenda que más le gusta es la que se probó primero. Pero solo puede darse cuenta después de haberse probado otras 30.
Que de manias heredadas arrastra uno en el subconsciente, eh!?